El día 28 de enero de este año
posteé (¿o se dice postié?) en Facebook una reflexión de carácter "académico", en
un lenguaje pseudo-filosófico que por supuesto casi nadie entendió porque todos
sabemos que la filosofía no es una prioridad en esta mugre de país. Igual, me
llamó la atención la cantidad de comentarios que recibió la cosa (considerando
que tres ya es bastante para mi muro). Ya sea por la molestia respecto al
lenguaje utilizado, o fingiendo que entendían el contenidos.
Después de eso tuve intenciones
de aclarar el mensaje para democratizar (está muy de moda esta palabra) el
acceso a las estupideces que pienso, pero como soy dejado (y estaba de
vacaciones) no lo hice. Pero ahora lo haré. En un ilusorio optimismo, pego el
mensaje completo a continuación, como si alguien que leyera este blog no fuera
ya amigo mío en Facebook y no hubiera, al menos, tenido la oportunidad de
sentir paja por leer el mamotreto:
"¡Hola niños! Es hora de una recalcitrante diarrea mental. Ahí les va:
Uno de los problemas de la ciencia –al menos la social- actual es el
implícito alejamiento que las metodologías tienen con epistemologías
particulares. Tácitamente, y desde una ignorancia e inocencia sin precedente,
se asume una relación puramente contingente como “la realidad”. Este supuesto
es, asimismo, puramente operativo, en el sentido que existe sólo en la relación
inmediata, sin una Historia, sin una sociedad, sin una cultura, sin humanidad.
Es, repito, puramente contingente. El ajuste del modelo es más relevante, la
ley es más relevante. La genealogía oscura de conceptos como “objetividad” no
puede ser importante, pues ni siquiera aplica; no hay una relación dialógica
con el conocimiento porque el conocimiento “es”. El rol de la teoría o la idea
como instrumento del sujeto para pensarse a sí mismo desaparece. El
conocimiento humano sobre lo humano deja de pasar por lo humano y pasa a manos
de un objeto (¿qué objeto? Nadie sabe), sin ideas, puramente contingente. Pasa
a ser de nadie y “en tanto” nadie. Pero esto ya no es una epistemología, no es
una hipótesis en torno a la relación que tenemos con el conocimiento o, qué
podría ser este conocimiento. Esa una realidad aceptada, inocente, ignorante y
enormemente poderosa. Es esa misma que inviste al “experto” de su poder, ya no
científico, sino institucional".
Y eso sería. Ahora vamos a
decodificar esta lesera. Lo que es evidente es que es una crítica a la ciencia –específicamente,
la ciencia social-. En términos sencillos, no me gusta que cada vez más, los “fundamentos”
de las metodologías están entre paréntesis, llegando al punto en que, quienes
las ponen en práctica ya no los conocen. Súper pollos.
Una metodología, si usted no lo
tiene claro, refiere a los procedimientos (o métodos… daah) que se siguen en
una investigación (aunque no es exclusivo de una investigación) para construir un conocimiento de algún tipo.
Énfasis en construir un conocimiento, y no descubrir o llegar a un
conocimiento. Eso lo explicaré después, creo.
Entonces, el científico del
capitalismo de la modernidad “olvidó” que las metodologías tienen “fundamentos”.
Estos fundamentos son supuestos sobre el conocimiento que se construye. Para esto
se utiliza la palabra epistemología. Entonces, todas las metodologías tienen
epistemologías. Alguien podría decir “pero el conocimiento es objetivo, no se
construye ni debería estar supeditado a <<fundamentos>>”. Claro que
sí, campeón. Pero la verdad es que no. Históricamente (otra palabra
importante), lo que se considera “conocimiento válido” ha ido variando. Lo que
Sócrates consideraba válido no es igual que lo que Kant consideraría de esta
forma, y no debe tener nada que ver con lo que usted considera válido. ¿Se ha
puesto a pensar por qué los análisis estadísticos están tan validados dentro de
la comunidad científica? Además de que su profe de la U le dijo que eran súper
pulentos, ¿sabe usted por qué confía en ellos? Si me dice que es porque “son
objetivos” se está pasando de weón. Lo válido y lo objetivo (que al final, es
lo que actualmente se considera como “válido”) está supeditado al momento
histórico, a la cultura, a la sociedad. Otra cosa curiosa es que, mientras más
complicado sea el análisis estadístico, más válido parece ser. Podemos llevar
esta lógica al absurdo y pensar que, en términos genéticos, los plátanos son
más complejos que los seres humanos (y tienen más material genético). Otro
ejemplo de la “objetividad científica” es que para la APA (American
Psychological Association) la homosexualidad “dejó” de ser una enfermedad
mental recién a fines del año 1973. De hecho en 1952, si no me falla la
memoria, estaba dentro de los trastornos psicopáticos. Bien. Lo curioso es que
esto no se resolvió científicamente. Lo que pasó es que, con justa razón, los
homosexuales alegaron, hicieron marchas, protestaron (todo esto en contexto
gringo), y a la APA no le quedó más que “destrastornizar” la –ahora- condición.
Obviamente, muchos psiquiatras alegaron, por lo que se llamó a votación (no le
dijeron así, pero eso fue). Al final, la mayoría votó que la cosa no era un
trastorno y así se resolvió este entuerto científico… democráticamente… je. Pero
estoy divagando…
La cosa es que el científico
olvidó -o decidió, si queremos ser más pesimistas- que el conocimiento tiene
una epistemología, y que esta guarda relación con el contexto histórico (y la
acumulación histórica), la sociedad y una pila de otras cuestiones. Al no
vincular el conocimiento producido con cualquier metodología, y “elevarla” (o “bajarla”,
más bien) a un carácter de verdad absoluta, y atemporal, ahistórica y un serie
de otros “a” se la entiende como “objetiva”… que no es más que un eufemismo
para verdad absoluta. O dicho de otro modo “esto es objetivo porque mis
numeritos cuyos criterios de validez desconozco, pero asumo, así lo establecen…
a priori”. Y es a esto a lo que me refiero cuando digo que la relación contingente
y operativa entre el conocimiento en y realidad: a que se le desgarra de algo imprescindible
para entender un fenómeno humano, como es la historia humana o las sociedades
humanas. Esta relación contingente no es más que la relación del momento que se
hizo entre variables, sin realmente entender su relación. Un ejemplo burdo
ocurre frecuentemente con los modelos de regresión: “sabemos” una variable “causa”
a otra. Pero no sabemos realmente cómo
se relacionan. Y si no me cree, la próxima vez que se enfrente a una regresión
pregúntese (y trate de responderse) cómo.
Ahora, en el caso puntual de la
regresión, no es necesariamente malo que no nos diga cómo ocurre la relación.
El problema no es de los números, el problema es que la regresión en sí nos
parece un resultado suficiente y creemos, de hecho, que estamos explicando
algo, cuando en realidad sabemos poco y nada al respecto. Otra vez, no es la
metodología en sí el problema, es que como científicos olvidamos de dónde salió
esta metodología, y por tanto, no tenemos medios ni interés en problematizar el
resultado. La consecución de una “ley”, una regularidad superficial o algo por
el estilo es probablemente el sueño erótico de muchos científicos sociales. Lo
mismo con el ajuste del modelo. Problematizar o someter a una mirada crítica no
está ni siquiera dentro de las realidades posibles en las que los resultados
pueden estar enmarcados, porque los resultados se asumen como la verdad.
Simplemente son. Y el apartado de “discusión” no cuenta, para efectos de
problematización. He tenidos sobremesas infinitamente más complejos que
cualquier “discusión” de paper científico.
La teoría, en este contexto, es
limitadísima, y suele ser reemplazada por una colección de “hechos” más o menos
coherentes disfrazados de teoría. No hay algo que guíe la reflexión, más allá
de estos “hechos”, que suelen estar construidos de la misma forma que aquellos
que pretenden afirmar.
Entonces, al asumir de forma tan
simplista la relación que tenemos con el conocimiento que producimos, no
teniendo herramientas para problematizarlo (y en el peor de los casos, para que
se nos ocurra problematizarlo), nuestro conocimiento se ha tornado inocente,
como puede ser inocente el conocimiento de un niño que cree que vive gente
dentro del televisor, porque así se le ocurrió. El problema de esto es que
tiene –paradójicamente- un peso social enorme. La ciencia se convirtió –socialmente
hablando- en esa objetividad homologa a la verdad absoluta. No porque lo “sea”
sino porque con ese carácter la investimos. No porque sea objetivo, sino porque
la sociedad (para más mal que bien) desde algún lado así lo definió.
Al contar con el apoyo “de la
sociedad”, esta “ciencia moderna”, a mí parecer, da al científico un carácter
de dueño de la verdad bastante preocupante. En el caso de la psicología
clínica, podríamos decir que el terapeuta ha ido desplazando al sacerdote. Este
poder de verdad del científico no viene de la ciencia, cuyos criterios de
verdad olvidó. Viene de la validación de su rol en tanto dueño de la verdad
porque dueño de la verdad. Porque sí. Dicho de otro modo, un científico la
tiene más larga dependiendo de sus publicaciones ISI (Scopus igual es rasca,
pero pasa), de los proyectos que ha ganado y esas cosas. La problematización de
este conocimiento (o incluso, su contenido) es irrelevante. Es el experto y
tiene razón. Por otro lado, yo no tengo doctorado ni ningún tipo de postgrado
(ni siquiera un diplomado flaite). Sólo soy un cualquiera quejándose anónimamente
por internet. Así que toda explicación, científicamente hablando, y con los
criterios implícitos de la modernidad, no vale nada.
Notas finales:
- Si usted piensa que estoy siendo pesimista, tiene razón.
- Salió larga la weá. Por eso la escribí del otro modo. Intentaré escribir de algo más intrascendente la próxima vez.
- Reitero que la culpa no es de la metodología, es nuestra.
- Iba a decir algo más, pero lo olvidaré. Si me acuerdo lo pongo.*Ya me acordé. Obviamente, no estoy diciendo que TODA la ciencia social se haga de este modo, así que evite el lloriqueo y el contraejemplo obvio.
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