jueves, 17 de marzo de 2016

¿Y qué saben los niños? (Reflexión no tan recalcitrante II)



Cuando estamos en Chile y hablamos de éxito académico, usualmente estamos hablando de notas o de un puntaje en una prueba, como podría ser el SIMCE. No hablamos necesariamente de lo que el estudiante sepa ni menos del valor social que podría atribuirse a dicho saber. A quién le importa esa weá.

Si tomamos las clasificaciones de la Ley SEP, generadas a partir del SIMCE de 4° básico de los últimos tres años, vemos que se definen tres tipos de establecimientos: autónomos, emergentes y en recuperación. Como nota al margen, estos niveles están asociados a un monto por estudiante prioritario (además se considera la asistencia) y por algún motivo, los que mayores recursos reciben son los autónomos, seguidos por los emergentes. A los en recuperación parece que no les dan nada o, al menos, yo no he podido encontrar nada al respecto. Uno pensaría que el que tiene mayores dificultades deberían entregársele mayores recursos, pero bleh.

Bueno, la cosa es que el puntaje SIMCE utilizado para generar esta clasificación (ojo que la clasificación utiliza otros criterios, pero SIMCE es como 70% si mal no recuerdo) es eso: un puntaje. Un puntaje por escuela. No nos dice qué sabe o no los estudiantes. Sólo nos dice que los estudiantes cumplieron una cuota aleatoria de conocimiento. Entre establecimientos de similar puntaje (o incluso dentro de un mismo establecimiento) esto implicaría, de todos modos, una enorme heterogeneidad entre el saber de cada estudiante. O de cada colegio tomado como un todo. O el 4° básico, considerando que ese es el curso que se considera (y no se asusten, pequeños niños, sólo un montón de plata que recibe la escuela depende de su “rendimiento”).

Lo anterior no significa que tengamos que hacer una prueba aún más tecnócrata elaborada, que permita saber qué sabe específicamente cada estudiante de forma individual. No sea imbécil, los profesores ya saben eso, y sin gastar plata en mediciones censales.

Desde esta perspectiva, la pregunta por los conocimientos adquiridos por los estudiantes, su funcionalidad, o su finalidad (si esto es relevante) no se hace. Lo importante es que a mayor conocimiento; mayor probabilidad de no repetir, no desertar y terminar la educación obligatoria. No me malinterprete, esto es muy bueno… pero sería mejor si alguien tuviera interés en lo que la sociedad considera como deseable, en términos de saber, para aquellos que han terminado los doce juegos.

Se dice que un mayor nivel educacional implica una mayor remuneración económica en la vida adulta. Esto no es necesariamente falso -de hecho, de más que es cierto-, ni tampoco significa que no tiene importancia. El problema es que al considerar que “+educación = +$”, implícitamente estamos asumiendo que la finalidad de la educación es la plata. Dicho de otro modo, la educación estaría al servicio de la economía. De nuevo, esto no es necesariamente falso. Pero no es exclusivo. Y por algún motivo, en el discurso, se genera la ilusión de que lo es. Aparentemente, tener educación sólo sirve para producir (usualmente, para alguien más).

Me gusta pensar que el conocimiento tiene un valor en sí mismo, y que lo que saben los estudiantes es más relevante que el puntaje que lo indica. Recordemos, un puntaje, como producto de una metodología cuantitativa, cumple la función de reducir la complejidad de un fenómeno para facilitar su comprensión. En ningún caso es el fenómeno. En fin...

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